Los lefebvrianos han ordenado cuatro nuevos obispos y éstos, según el derecho canónico, han sido automáticamente excomulgados. Les ha impuesto las manos el español Alfonso de Galarreta, hecho obispo en 1988 por Marcel Lefebvre, lo que ya entonces le convirtió en cismático. En 2009 pidió perdón y clemencia por este gesto a Benedicto XVI y fue perdonado. Pero 17 años después vuelve a tropezar en la misma piedra.
Si no fuera un drama para la Iglesia católica, lo ocurrido este miércoles en Écône (Suiza) podría considerarse una comedia. Los cuatro nuevos obispos han jurado nada más comenzar la ceremonia «combatir y perseguir a los herejes y cismáticos» y a quienes se rebelen «contra el Papa y sus sucesores». «Recibiré por mi parte con humildad las órdenes de la Santa Sede y las cumpliré con el mayor cuidado posible», han declarado.
