Entrenar para el cielo no solo significa ser un buen cristiano y buscar la santidad, también incluye cuidar cuerpo, mente y, cómo no, divertirse jugando. San Pablo en sus cartas mostraba la relación entre los ejercicios físicos y la vida espiritual. Además de entender las reglas del juego, afirmando el apóstol que todo atleta se impone una estricta disciplina. Aunque deporte y santidad parezcan encontrarse en la lejanía, es una realidad, y si la meta es el cielo, ejercitarse es uno de los caminos.