Si quisieramos imaginarnos un día viviendo en la antigua Roma, el mejor aliado sería el Panteón. Cada domingo de Pentecostés, los 9 metros del ojo del Panteón se convierten en la puerta de entrada para el Espíritu Santo. Al menos, eso es lo que conmemora, el día que en que este se postró sobre los apóstoles. En el Panteón, se representa con una lluvia de pétalos de rosa que tiñe el monumento de una profunda solemnidad, además de gran belleza.