Es costumbre que el papa y miembros de la curia llegan hasta aquí para comenzar la procesión que llevará las cenizas a la iglesia vecina: Santa Sabina.
Se trata de un recorrido de apenas 200 metros, que no dura más de cinco minutos, pero que marca litúrgicamente el inicio de la Cuaresma en Roma. Este gesto, conocido como “Statio”, hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo y simboliza la unidad de la Iglesia, reunida en torno al obispo de Roma.
La meta del recorrido es otra iglesia, la de Santa Sabina. Construida en el siglo V sobre el Monte Aventino, ha sido durante siglos el lugar elegido por el papa para la celebración del Miércoles de Ceniza.
Allí tiene lugar la misa y el rito de la imposición de la ceniza, un gesto que recuerda a los fieles la llamada a la conversión. La elección de esta basílica no es casual: forma parte de una antigua tradición según la cual el papa “estacionaba” en distintas iglesias de la ciudad para manifestar visiblemente la comunión de la Iglesia local.
